Como se puede ver en el libro “La
posverdad. Una cartografía de los medios, las redes y la política”, la posverdad, que suele ser confundida con
las fake news, “es el marco de
manipulación en el que una sociedad se mueve, es la construcción cognitiva de
una serie de creencias y estereotipos que son substanciados y concretizados por
las fake news que le ponen relato a ese pensamiento previo”. Hasta ahora,
yo también pensaba que eran sinónimos, pero realmente las fake news estarían
dentro de la posverdad, la cual prepara el terreno cognitivo de las personas
para que circulen adecuadamente esas fake news, aludiendo la posverdad a las
emociones.
Esto se relaciona con el sesgo cognitivo, puesto que debemos
decidir si creer o no la información que nos va llegando y solemos creernos
aquello que nos hace felices o que está en consonancia con nuestras ideologías.
De hecho, cuando nos llega una información contraria a nuestra ideología,
tendemos a construir una razón para tratar de explicarla (razonamiento motivado). Tras procesar esto en mi mente, me he dado
cuenta de la cantidad de veces que he tratado de darle explicación a distintas
cuestiones, simplemente porque no me encajaban. Ahora sé que con mucha
frecuencia recurro al razonamiento motivado, y ni siquiera me había planteado
lo que hago en esos momentos debido a mi sesgo cognitivo.
Además, me ha llamado la atención
otro concepto, el de falsa equivalencia. Estamos hartos de
verlo en los medios y/o redes sociales y, aun así, damos rienda a esos debates
entre diferentes posturas, dejando que la verdad y la mentira traten de
convencer a la audiencia de su postura. Lo preocupante es, en mi opinión,
cuando la mentira suena más convincente que la verdad y gana adeptos entre los
espectadores. Es una forma de extender la mentira a nivel global, lo cual es un
peligro para la sociedad, que vive cada vez más rodeada de mentiras.

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